jueves, 21 de febrero de 2008

¿Profesionales de la docencia o super docentes?

Pilar Cámara, psicóloga y filósofa, máster en formación de formadores (06/06/2005)

Si hacemos caso a E. Morin (UNESCO: 1999) y nos creemos su reflexión sobre qué conocimientos son los necesarios en nuestro mundo, los buenos profesores y profesoras deberían estar imbuidos y saber comunicar una serie de conocimientos de vital importancia en el mundo contemporáneo. Siguiendo en esa línea, los profesionales de la enseñanza deberían ser: lúcidos ante el error y el falso conocimiento, sensibles a lo local y a lo global, capaces de enseñar la condición humana y la identidad terrestre, gestionar la falta de certezas, promotores de la comprensión y la tolerancia y además, adoptar una ética en la que se conjuguen equilibradamente los conceptos de individuo, sociedad y especie.

Si a todo lo anterior, le añadimos: el poseer un nivel, cada vez más alto, de conocimientos en tecnologías de la comunicación y de la información, el dominio de algún idioma que no sea el propio, preferentemente el inglés y no olvidemos las habilidades sociales para gestionar conflictos así como, amplias dosis de inteligencia emocional; quedan más que claros cuáles son los retos, a los que los “super docentes” del siglo XXI se enfrentan cada día.

Pero el reto de un alto nivel de formación no es el mayor reto al que se enfrentan, cada día, dichos “super docentes”. El mayor reto son sus alumnos. Unos alumnos, que viven inmersos en un mundo audiovisual de creatividad sin límites y que son poco amigos del silencio. Son los alumnos del siglo XXI, que cautivos y cautivados, viven en un mundo de imagen y sonido y constantemente bombardeados por informaciones, en ocasiones contradictorias, a un ritmo trepidante. Debido a ello, entran con dificultad, cada vez mayor, en un mundo de conocimientos que requiere silencio, análisis, reflexión y abstracción y, en más de un momento, lectura y escritura.

Todo lo dicho añade, continuamente, nuevos desafíos al cuerpo docente para los que, en la mayoría de los casos, la formación continua se ha convertido en su tabla de salvación. He aquí otra característica más a añadir al perfil de los “super docentes”: saber aprender a aprender y hacerlo durante toda la vida siempre que sea necesario.

Ante tantos requisitos, me pregunto, si una vez adquiridos tantos conocimientos ¿no seguirá siendo suficiente para ser buenos docentes el ser personas flexibles, pacientes y con una sólida estructura interior?