domingo, 14 de septiembre de 2008

¿LOS PREMIOS Y CASTIGOS SON EDUCATIVOS?

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   ”Si apruebas el examen te compro un regalo”, “No, hoy no ves la
tele, estás castigado”. ¿Te suenan? A veces ya no sabes qué hacer para
que tu hijo se comporte de una determinada manera. Es entonces cuando
recurres al premio o al castigo, aunque no siempre son eficaces ni
actúan de manera inmediata. En todo caso, se trata de recursos que debemos emplear con prudencia para que den resultados. 


   Tanto los premios como los castigos no tienen una prensa
demasiado buena en algunos sectores de población. Ofrecer premios a los
hijos es como reconocer un fracaso, es como si, al fallar como
educadores, tuviéramos que recurrir al “sucedáneo” de los premios que,
más que educar, adiestran. 


   Los castigos, por el contrario, no suelen dar tanta sensación de
fracaso. Incluso socialmente son aceptados como padres responsables
aquellos que castigan a sus hijos. De algún modo, se reconoce que el
castigo sí es instrumento educativo, para terminar admitiendo que
tampoco sirve de mucho porque el hijo tiene unas inclinaciones tales
que no hay nada que hacer. Y se le va dejando de castigar y se acepta
como irremediable “su manera de ser”. 


   Los premios y castigos son instrumentos eficaces en situaciones
en las que el proceso educativo sufre desviaciones, paradas o retrasos.
Son situaciones críticas y patológicas en las que el tratamiento
habitual que se suministra en el proceso educativo, que son buenas
dosis de ejemplos, persuasión y reflexión no surten efecto y es
necesario restablecer un cierto equilibrio. Un remedio será pues seguir
una medicación adecuada basada en premios y castigos, además, claro
está, de actuar en algunos otros frentes.  


   Premios y castigos, aunque afectan sólo a la conducta externa y,
por tanto, pueden no influir en la personalidad íntima, generan un
ambiente que facilita la comunicación entre las personas de la familia
o mejora las capacidades de la persona. Ambos aspectos son elementos
facilitadores de la educación. ¿No es cierto que será más fácil la
educación de los hijos si, con ayuda de algún premio y algún castigo,
conseguimos que mantengan el orden en sus cosas y usen ciertos modales?
¿No será lo mismo si conseguimos que estudien y mejoren su capacidad de
razonamiento? 


   Retomando el símil de premios y castigos como medicinas,
evidentemente su uso no puede ser indiscriminado ni generalizarse. Al
igual que cualquier medicamento, es preciso adecuar su administración a
la necesidad concreta del paciente y tener en cuenta sus
contraindicaciones y efectos secundarios. 


   En resumen, los premios y castigos son recomendables y adecuados
si se usan como medios temporales de obtención de logros y siempre de
forma apropiada. Lea, por favor, las instrucciones de uso. 


   PREMIOS.


   Instrucciones de uso.


   Tipos de premios: 


   Premios previstos. Son las recompensas pactadas que se ofrecen si
se presenta la conducta que se espera. El deseo de conseguirlas ayuda a
regular la conducta. 


   Premios imprevistos. Se conceden sin previo aviso como
reconocimiento a una conducta deseable. Puede producir efecto en la
persona que lo recibe y en las que lo observan. Ambos relacionan las
conductas deseables con la recompensa. 


   Premios por entregas. Son los que mantienen el interés más vivo,
al concederse puntos o vales acumulables cuando se producen pequeños
logros. Al alcanzar una cierta cantidad, se logra el premio. 


   Premios liberadores. Permiten liberarse de alguna tarea desagradable. 


   Composición de los premios: 


   De base afectiva. Consisten en expresiones afectivas de los
padres, como abrazos, felicitaciones, lugares preferentes en la mesa o
en el coche… 


   De base material. Consisten en posesiones materiales, como diversos objetos o dinero. 


   Relacionados con la autonomía. Ofrecen más libertad o autonomía
para gestionar el dinero, el tiempo, el espacio…  Orientaciones de uso: 


   Definir bien lo que se espera y el premio que se puede conseguir. Luego cumplir lo pactado. 

   Proporcionar premios acordes con el esfuerzo realizado y con las posibilidades razonables de la familia. 

   Plantear la obtención del premio a corto plazo para los más pequeños.

   Proponer premios alcanzables. Sólo son útiles si se confía en alcanzarlos. 


   Efectos secundarios: 


   Evitar su uso prolongado y variado porque crea adicción y no se actuará si no es a cambio de premios.


   Modifica la conducta pero no necesariamente las actitudes y
motivaciones, por lo que hay que combinarlos con otras acciones
educativas. 


   CASTIGOS.


   Instrucciones de uso.


   Tipos de castigos:


   Castigos previstos. Son las consecuencias desagradables que aguardan como respuesta a una conducta inaceptable determinada. 


   Castigos imprevistos. Son consecuencias desagradables que se
otorgan sin previo aviso ante conductas indeseables. Tratan de evitar
que se repita la conducta.


   Castigos con oportunidades. Se ofrece un castigo si se da una
conducta, pero se concede la oportunidad de rectificar en dos ocasiones
antes de recibirlo. 


   Composición de los castigos: 


   De base afectiva. Consisten en expresiones afectivas negativas
por parte de los padres como reprimendas, amonestaciones, alejamiento
físico, silencio, caso omiso… 


   De base material. Suponen pérdida de ingresos, multas, no poder
usar algo (TV, equipo de música, bicicleta…) o quedarse sin alguna
posesión.


   Relacionados con la autonomía. Restringen o privan de la libertad
de salir, reducen el tiempo de ocio, exigen quedarse inmóvil, prohiben
algunas relaciones… 


   Orientaciones de uso: 


   Elegir los castigos con prudencia. Los castigos han de cumplirse,
por lo que un castigo absurdo o que no se cumple produce el efecto
contrario.


   Ser proporcionado a la conducta. Cuanto más indeseable, más severo.


   Ser severo, es decir, ha de ser verdaderamente desagradable ya
que si sólo supone una ligera molestia, se puede acabar aceptando la
molestia como un mal menor.


   Buscar castigos relacionados con la conducta indeseable. Así, por
ejemplo, si se es descuidado y se estropean las cosas, se han de
arreglar; si la conducta es molesta, se tiene que aislar… 


   Procurar que el castigo se acepte como algo merecido y se entienda que ayudará a mejorar.


   AVISO IMPORTANTE: NUNCA LOS CASTIGOS PUEDEN ATENTAR CONTRA LOS DERECHOS Y LA DIGNIDAD DE LOS NIÑOS 


   Efectos secundarios: 


   Pueden aumentar la conducta indeseable. En algunas ocasiones, los
hijos buscan llamar la atención de los padres y, al no conseguirlo con
una conducta deseable, les basta con que les prestemos atención
mediante castigos por las indeseables. En este caso está directamente
contraindicado su uso.


   Si el castigo se ve desproporcionado, injusto o absurdo, puede
generar sentimientos de aversión, venganza y resentimiento. Como
consecuencia, es probable que no se evite la conducta indeseable.
También estará contraindicado su uso en estas circunstancias. 


   Dejo para el lector la elección del tratamiento más adecuado a
las diferentes situaciones que se le presentarán. Y, de todas formas,
en caso de duda, consulte a un especialista (profesor o psicólogo), es
la persona más adecuada para facilitarle toda la información
complementaria.


   José María Lahoz García. Pedagogo (Orientador escolar y
profesional), Profesor de Educación Primaria y de Psicología  y
Pedagogía en Secundaria 

   Con la autorización de:    www.solohijos.com